Hipertensión

Hipertension

La hipertensión es ese enemigo silencioso que puede afectar a cualquiera y que, sin embargo, sus síntomas en la mayor parte de los casos son imperceptibles, pero implacables con quien la sufre.

La presión sanguínea está determinada por la cantidad de sangre bombeada por el corazón y por el tamaño y condición de las arterias. Hay muchos otros factores que pueden afectar la presión sanguínea, entre ellos:

El volumen de agua en el organismo
La cantidad de sal en el cuerpo
La condición de los riñones
Del sistema nervioso
De los vasos sanguíneos
Los niveles de las diferentes hormonas en el cuerpo

Generalmente no se presentan síntomas, pero, ocasionalmente, la persona puede experimentar un dolor de cabeza leve. Si este dolor de cabeza fuese fuerte y persistente o si la persona experimenta cualquiera de los síntomas que aparecen a continuación debe de consultar de inmediato con su médico, ya que puede indicar una tensión sanguínea excesivamente alta o una complicación de dicha presión sanguínea alta y resultar peligroso.

Cansancio
Confusión
Cambios en la visión
Dolor de pecho tipo angina
Insuficiencia cardiaca
Sangre en la orina
Hemorragia nasal
Latidos cardíacos irregulares
Zumbido o ruido en el oído.

Se recomienda, sobre todo, mantener un peso saludable, dependiendo de la altura y la complexión, mediante una ingesta adecuada de calorías.
Prescindir de la sal de mesa (normal, marina, yodada) y de la sal en el cocinado de los alimentos.
Escoger las carnes más magras y quitar la grasa visible antes de su cocinado: pollo, pavo, conejo, caballo, cinta de lomo, ternera magra, solomillo de buey, ternera o cerdo; y desgrasar los caldos de carne o aves en frío.
Aumentar el consumo semanal de pescado fresco a unas cuatro raciones. Se permite el consumo de 4 a 6 huevos (salvo contraindicación médica).
Aliñar los platos con aceites vegetales (oliva, girasol) mejor que con mantequilla o margarina, añadiéndolos a los alimentos después de cocinados para evitar exceso de grasa y colesterol.

Cuidados Naturales:

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Hojas de olivo : Una o dos tisanas de hojas de olivo es un buen remedio que ayuda a bajar la tensión sanguínea y mejora la circulación. Esta tisana se prepara añadiendo una cucharilla de hojas secas de laurel a un vaso de agua hirviendo.

Mantener en remojo prolongado los alimentos envasados. De esta manera se reduce el sodio de las verduras y los pescados congelados, las legumbres envasadas y las conservas dejándolas en remojo durante diez horas o haciendo una doble cocción.

Un diente de ajo cada día: Además de intensificar el sabor de los alimentos, ingerir un diente de ajo a diario reduce el colesterol, fluidifica la sangre y, gracias a ello, reduce la presión arterial que la sangre ejerce sobre las paredes de los vasos sanguíneos al ser bombeada por el corazón. Los expertos recomiendan ingerir un ajo crudo al día durante tres meses para suprimir la presión arterial alta.

Apio en el menú diario:  incluirlo en la comida o en la cena es uno de los mejores consejos para disminuir la tensión. El agua de su cocción y la infusión de sus semillas, a razón de un cucharadita por taza de agua hirviendo, son otro de los remedios más efectivos.